Dra. Carla Vizzotti
Directora del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles de la Fundación Isalud

Ex-directora del Programa Nacional de Inmunizaciones

“Buenas prácticas en políticas públicas sanitarias”

 

En un país como Argentina, con un sistema de salud tan complejo y fragmentado, pensar en un programa nacional de inmunizaciones implica tener en cuenta múltiples variables, cómo se van a articular las políticas públicas, dentro del sector público y en los demás subsectores

Para llevar a cabo acciones a nivel nacional, provincial, municipal, y en los hospitales y centros de salud, hay que pensar en la logística (compras, almacenamiento, distribución, cadena de frío), la vigilancia de enfermedades inmunoprevenibles (no es lo mismo la epidemiología del NOA que del NEA; es fundamental la información para tomar decisiones), la capacitación presencial y a distancia, tener en cuenta las recomendaciones científicas, y el monitoreo y almacenamiento de datos. Todo ello se debe articular a nivel horizontal, desde nación a provincia y de provincia a los subsectores.

El resultado fue un avance en la incorporación de las vacunas a través de los años, en forma sostenida, incluyendo todas las etapas de la vida y estrategias innovadoras, como la vacunación de las embarazadas. Estamos hablando de vacunas en adolescentes, en adultos de 18 a 64 años con factores de riesgo, de mayores de 65 años, de lactantes... esto también es complejo, captar a la población en diferentes edades y etapas de la vida. Nuestro país pasó de tener, hace poco más de 15 años, 8 vacunas destinadas a los niños, a un calendario desde el año 2017 con más de 20 vacunas y para toda la familia. Es un desafío que requiere más esfuero y más trabajo. Por supuesto que el número de vacunas adquiridas aumentó, y que para poder llevar adelante toda esta política de estado se requiere un presupuesto asegurado y sustentable.

Para empezar a ver lo complejo que es y lo que hay que trabajar para articular políticas públicas, en el año 2003 se adquirían alrededor de 27 millones de dosis, financiadas todas a través del Fondo Rotatorio y un porcentaje a través de préstamos internacionales. En 2014 y con distintos mecanismos de financiamiento se compran 40,8 millones de dosis, con un aumento de presupuesto de 1719 por ciento. También creció el presupuesto dedicado a insumos (jeringas, biológicos, descartables, etc.), en un 171 por ciento.

En 2011 implementamos una política pública muy ambiciosa, que fue seguir las recomendaciones internacionales para prevención primaria del cáncer de cuello de útero, e implementarlo en un país tan grande y tan diverso como el nuestro. Se incorporó al Calendario Nacional de Inmunizaciones la vacuna contra el VPH para prevenir el cáncer cervicouterino, inicialmente para niñas de 11 años y en la actualidad se aplica a niños y niñas de 11 años, mediante dos dosis. En Misiones, las tasas de cobertura de la vacuna son muy altas, y cuando preguntamos cómo lograron que casi todos se vacunaron, la respuesta fue: ‘todos conocemos a alguien que murió por cáncer de cuello de útero’

Las coberturas de vacunación contra HPV en Argentina no son las que a uno le gustarían, pero en comparación con otros países no estamos tan mal, y hay que trabajar muy fuerte para aumentar el acceso a la primera dosis y disminuir la tasa de deserción. Y para eso hay que seguir trabajando, incorporar nuevos actores, como la escuela, el Ministerio de Educación Nacional, el Provincial, para que los escolares se vacunen; que los medios de comunicación promuevan la vacunación contra el HPV y estimulen la demanda de la población de estos insumos

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