Dra. Graciela Abriata
Coordinadora del Sistema de Vigilancia Epidemiológica y Reporte (SIVER)

Instituto Nacional del Cáncer (INC)

La vigilancia del cáncer es concebida como un sistema integral e integrado de recopilación de datos y producción de información. Es integral, porque  debería recolectar toda la información específica e inherente al cáncer, e integrado, porque si uno solamente analizara datos aislados, sin tener en cuenta el contexto en el que se dan esos indicadores, no podría entender la situación del cáncer en el país.

Nuestro país es muy amplio, sabemos que tenemos un sistema de salud muy fragmentado, con lo cual, si no interpretamos esos indicadores en su contexto, no lo podemos entender, y mucho menos podemos planificar resolverlos.

Hace unos años, desde la International Agency for Research on Cancer (IARC), encargada de las estadísticas mundiales de cáncer, se empezó a tratar la enfermedad como un continuo. No se trataba sólo de recolectar datos, sino que también era importante ver al cáncer desde la población sana, que llegada a una edad va a realizarse tamizajes, va a producir nuevos diagnósticos; a partir de esos diagnósticos y tratamiento habrá pacientes que se curen, sobrevivan al cáncer y continúen su vida sin la enfermedad, y otros que lamentablemente van a fallecer por cáncer.

Desde aquellos que tienen que definir políticas de salud, tendrán que pensar políticas de prevención para la población sana; para la población que está siendo tamizada en detección temprana; para los servicios de salud, es decir, estrategias de tratamiento Y, finalmente, el cuidado al final de la vida.

En lo que hace a vigilancia epidemiológica, a la población sana la evaluamos mediante encuestas como la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR); a las personas diagnosticadas y en tratamiento, a través de los registros de base poblacional (tendremos las medidas de incidencia y supervivencia); y a las fallecidas mediante los datos de estadísticas vitales, que en Argentina son de muy buena calidad. También se hace vigilancia extendida, con riesgo atribuible; prevalencia (una cifra muy importante que indica cuántos casos de cáncer hay, y qye se calcula en función de la incidencia, es decir, cuántos casos nuevos hay, menos la mortalidad, lo que da como resultado la cantidad de pacientes viviendo con cáncer). Otra medida que se calcula es la de DALYs o años de vida ajustados por discapacidad, cuyo cálculo es complejo y caro, aunque hay otros datos que pueden funcionar como ‘proxy’ de este indicador, como los años potenciales de vida perdidos; y otro dato es el de costos asociados.

Si comparamos nuestros datos de incidencia de cáncer en general, veremos que en países desarrollados en América la incidencia es de aproximadamente 300 casos cada 100 mil habitantes, mientras que en Argentina es de 216,7 cada 100 mil. Pero al comparar la mortalidad, estamos casi igual o por encima de la mortalidad de países desarrollados. La relación de incidencia sobre mortalidad en países desarrollados es de 3 a 1 (casos vs. muertes), y en Argentina es de 2 a 1. Esto tiene que ver con la oportunidad diagnóstica y con la oportunidad terapéutica. Los casos pueden estar accediendo a los servicios de salud en estadios más avanzados, o bien acceden a un sistema de salud que no tiene la posibilidad de dar la respuesta en el momento adecuado.

En cáncer cervicouterino, la mortalidad en el país es muy alta (8,1 muertes cada 100 mil mujeres) en relación a otros países más desarrollados (2,7 a 3,7 cada 100 mil). Y si vamos al interior, a cada una de las provincias, tenemos provincias como Misiones con una mortalidad de casi 16 defunciones cada 100 mil mujeres. En una oportunidad, fui a hacer una investigación a la IARC y no me creían que en Argentina hubiera mujeres de 25 años muriendo por cáncer cervicouterino. Llamé a los jefes de servicio, en especial de las provincias del norte del país, y lo confirmaron: sigue pasando. Y esto no significa que hayan fracasado los programas de cáncer. Siempre habrá mujeres que no están incluidas o no acceden a este tipo de programas

Los registros de cáncer de base poblacional de Argentina no cuentan con información del estadio de los tumores. Esto se va a ir revirtiendo lentamente, en parte gracias al RITA. Los registros de este tipo son caros, suelen tener un déficit de recusos humanos; los médicos no completan las historias clínicas como deberían (la calidad de historias clínicas en Argentina no es buena). El investigador ‘persigue’ al oncólogo para que deje asentado el estadio; pero es necesario hacer un cambio de cultura para que el médico registre y que además tome conciencia de que ese dato tiene importancia para la producción de información

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